Consejo General

Innovar o morir

  Redacción / 19 de junio de 2018

Hasta hace poco, todo el mundo hablaba de innovar, pero pocos lo hacían realmente. Ahora, multitud de empresas de todos los sectores intentan extender esta virtud en toda su organización. La OCDE y Eurostat definieron hace más de una década la innovación como la introducción de cambios o novedades en lo que se hace y en la manera de hacerlo, es decir, en la producción de bienes y servicios nuevos, en la mejora de los procesos y sistemas productivos existentes o en la puesta en práctica de nuevos métodos de organización, marketing o comercialización.

Resulta clave entender que la tarea de innovar no ha de recaer exclusivamente en un departamento único, sino que tiene que calar en toda la estructura de la compañía, desde la recepción hasta la dirección general. Innovar es un proceso que va más allá de la creatividad, de la tecnología y de la generación de productos. La innovación afecta a todas la áreas y procesos y las políticas de recursos humanos deben potenciar este proceso permanente. Innovar es hallar una solución hasta entonces desconocida a un problema concreto y hacerlo mediante un conjunto de acciones, a menudo con la ayuda de la tecnología. Innovar depende de generar nuevas ideas, nuevas miradas a viejos problemas, nuevos argumentos para cuestiones ya existentes y, de momento, el sector asegurador empieza a luchar por conseguir inculcar este comportamiento en sus organizaciones. Y, también, por lograr que la innovación circule entre departamentos y no quede enquistada. Al hablar de las compañías aseguradoras no podemos generalizar. El sector está haciendo intentos por fomentar la innovación, pero este concepto dista mucho de estar consolidado en el día a día. Sin embargo, sí se perciben movimientos en esta dirección en muchas compañías, que al menos innovan en su gama de productos y en la manera de comunicarse con su cliente. La transformación digital es el concepto estrella en el campo de la innovación aseguradora. Es el terreno de juego reconocido por todos como el lugar adecuado para innovar. En este sentido, se perciben ciertas características comunes en las acciones innovadoras adoptadas por los diversos actores del sector:

# FLEXIBILIDAD EN LOS PRODUCTOS. Ya no es una rareza ver que se ofrecen productos dinámicos, que pueden variar totalmente en función de las circunstancias. Un ejemplo son los seguros temporales, que el cliente contrata únicamente para un determinado lapso de tiempo, a veces de solo cinco minutos.

# ECOSISTEMA Las alianzas en todos los terrenos son indispensables en este instante del siglo xxI. Nadie puede ser especialista en todo y resulta más rentable unirse a los que más saben en determinados segmentos.

# SERVICIOS Está cambiando el paradigma de la propuesta de valor. Ya no se trata únicamente de asegurar un riesgo, sino que hay que proporcionar al cliente servicios de valor añadido.

Modelo Innovador

A su manera, hay compañías que también innovan sin necesidad de usar la última tecnología con decisiones como las de lanzar productos para ámbitos de economía colaborativa. Como ejemplo, la decisión de asegurar los coches que forman parte de servicios de compartir vehículo. Entre los beneficios de estas pólizas están la de asistencia en carretera, garantía de llegada al destino, daños personales del conductor, protección legal y objetos olvidados. En realidad, hay muchas compañías que encajan con la definición de innovadoras. Ilustran de forma clara la tendencia creciente en el sector asegurador, algo que además es extensivo al resto de sectores que conforman la economía española. Según un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2016 las empresas aumentaron en un 5,5% la inversión dedicada a innovación. Las empresas más comprometidas son las de los sectores servicios, farmacia, petróleo y aeroespacial. Según el citado estudio, solo el 12,8% de la inversión se destina a innovaciones de producto y el resto corresponde a cambios en la estructura de la empresa, procesos organizativos y cambios en el modo de comercialización, además de adquisición de software y hardware. España no se halla entre los países líderes en innovación y eso se traduce en falta de competitividad.