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‘Seguros de viaje’, por Álex Mestre

  Redacción / 03 de septiembre de 2019

Álex Mestre, presidente del Colegio de Mediadores de Seguros de Tarragona, explicó, el pasado 27 de agosto, en el Diari de Tarragona en qué consiste una póliza de seguro de viaje:

Por lo que parece, no formar gobierno es irrelevante, pero desconectar, deviene ley de las de verdad, de las que sí se cumplen. Faltaría más. Estamos en aquella época del año donde poner pies en polvorosa es cuestión de estados. La mayoría nos adaptaremos a lo que buenamente podremos según las reglas y posibles de la monarquía (o república) independiente de nuestra cada. Bien sea, en las quimbambas, para los más pudientes, o pertrechados de tortilla, cubo y pala, en alguna de nuestras playas, para el resto.

Así las cosas, como sea que cada vez más tenemos más conciencia del «Y si». Es decir, aquello de: «Y si» enfermamos durante nuestro canibalesco viaje por Nueva Guinea Papua. «Y si» me roban en la playa. «Y si» me intoxico en el chiringuito. Pues bien, alguna de éstas y muchas otras dudas, cada vez más, encuentran acomodo en forma de contrato de seguro.

El mercado (sic. asegurador) ofrece una amplia y variada oferta de productos donde se resuelven o indemnizan problemas médicos, de repatriación, de secuestro, pérdida de equipajes o enlaces, de no disfrute de vacaciones, accidentes, responsabilidad civil, etc.

En este sentido, UNESPA, patronal de las principales aseguradoras españolas, dice que: «considerando todos los elementos ligados a los viajes y a las vacaciones en su conjunto, el gasto en seguro de viajes supera dos de cada 1.000 euros gastados. Esto es, en parte, porque todavía demasiada gente en España viaja sin estar asegurada; pero también lo es porque el seguro no supone una carga excesiva dentro de la factura de tu viaje». Vemos pues, como puede resultar interesante dado el escaso coste, valorar la posibilidad de cubrir los «Y si» con alternativas y soluciones económicas que, de algún modo, permitan resarcirnos de los imprevistos que se pueda cubrir. En este sentido, es curioso saber que «el coste medio de las asistencias (aseguradas) ronda los 800 euros ya que es pondera con casos de percances particularmente caros. Esto se debe a que en los destinos remotos las prestaciones son más costosas que en cualquier país europeo, donde tanto la cercanía como la misma estructura social hace más fácil la gestión del percance. Según los datos del año 2016, por ejemplo, viajeros que eligieron como destino de viaje Camerún o la Antártida, tuvieron percances por los que el seguro llegó a pagar 10.000 euros o más».

Según lo anterior, podrán disipar sus dudas con algún mediador de seguros colegiado que les atenderá gustosamente, pero con una salvedad: siempre antes de emprender el viaje y con tiempo suficiente, e decir, no se puede hace nada si ya se conoce la huelga de tal o cual compañía aérea, o si sabemos que el volcán de nombre imposible acaba de entrar en erupción, por poner algunos supuestos.

A su vez, deben entender también que hay «Y si» no asegurables. Vaya el ejemplo: me llamó una clienta con intención de viajar, mochila en ristre, por la zona del cuerno de África (Sudán, Etiopía, Somalía, principalmente). Me preguntó que si contrataba el seguro, en el caso de sufrir una enfermedad (por ejemplo: apendicitis) por esa zona, éste (el seguro) la llevaría a un hospital. Obviamente, después de recibir internamente el número pi, para no sulfurarme respondí: «Depende de cuán lejos se encuentre del hospital y de los medios de que disponga, ahora bien, sin haber pisado jamás esos lares, entiendo que parece lógico que si los nativos de zona lo tienen chingo ante tal tesitura, muy seguramente Ud. también». Es decir, los seguros pueden dar prestaciones si existen, o indemnizar circunstancias cuantificables y valoradas de forma anticipada, pero gestionar lo inexistente es tremendamente difícil, como diría un optimista convencido.

Para entender mejor lo que les digo, disponen de la película ‘Lo Imposible’, de Juan Antonio Bayona. Aquella en la que una familia, donde había una Doctora española, sobrevivió al tsunami de 2004 en el océano Índico por un cúmulo de y circunstancias absolutamente milagrosas, si bien, la repatriación de esa zona catastrófica, donde pocos podían y sabían cómo hacerlo, sí intervino una aseguradora suiza la cual aparece perfectamente identificada al final del relato, y de la que «zolo lez haré este ezpoiler».