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Agroseguro organiza una jornada sobre el cambio climático y su impacto en el seguro agrario combinado

  Redacción / 05 de enero de 2021

  • Ha contado con la participación de investigadores, profesores y geógrafos de diferentes universidades españolas

Agroseguro celebró  el pasado 28 de enero una jornada sobre el cambio climático y su impacto en el seguro agrario, que contó con la asistencia de más de 150 representantes de todas las administraciones públicas implicadas, de las organizaciones agrarias y cooperativas y del propio sector asegurador.

En el arranque de la sesión, el presidente de Agroseguro, Ignacio Machetti, ha recordado que los efectos del cambio climático en la península Ibérica ofrecen un escenario complejo, “con más peligros que oportunidades”, y señaló, como muestra, los cada vez más frecuentes y severos pedriscos y DANA (“gotas frías”) –que además se producen en épocas del año desacostumbradas–, las intensas heladas o los prolongados períodos de sequía, y sus graves efectos en el campo. “Todos hemos de adaptarnos, pero muy especialmente las actividades más vulnerables, y el seguro debe trabajar en el diseño de nuevas estrategias para no dar pasos atrás en la protección al sector”, añadió.

A continuación, el catedrático e investigador de la Universidad de Alcalá de Henares Antonio Ruiz de Elvira abrió el turno de ponencias con una advertencia sobre las pocas probabilidades de que se produzca “un frenazo al incremento de la temperatura global en un futuro próximo a pesar de todos los avisos”. Autor del Estudio climático de la modificación de las tendencias de fenómenos extremos. Proyecciones y sus efectos en el seguro agrario combinado, ha pronosticado que de aquí a 2030 se producirá un aumento de los fenómenos adversos “de alrededor del 10%” respecto a las dos últimas décadas.

Posteriormente, el investigador de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina,ha presentado el estudio “DANAS en el levante español. Incidencia futura», realizado junto a Enrique Moltó. En él reflejan los efectos del cambio climático en el litoral mediterráneo, tales como cambios evidentes en la estacionalidad de las precipitaciones, con un descenso de las lluvias en primavera y un posible aumento durante el otoño y por ello en general las lluvias serán menos aprovechables y más dañinas para el campo al ocurrir en momentos muy puntuales. El estudio señala, además, que la posibilidad de sufrir lluvias torrenciales en cualquier momento del año es una realidad, y que “ha dejado de ser un fenómeno exclusivo del otoño”. Ante los riesgos a los que se enfrenta el arco mediterráneo, ha considerado necesario “apostar por la adaptación de los territorios y las sociedades, especialmente respecto a la ordenación del territorio, la gestión de emergencias y la educación para el riesgo”, destacando “la escala local”, como pieza esencial para reducir los efectos del cambio climático. 

Margarita Ruiz Ramos, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid e investigadora del CEIGRAM, presentó el análisis Estudio del riesgo de sequía para cereales de invierno en Castilla y León: análisis del riesgo. Tendencias y cambio climático. En él, constata un aumento de las temperaturas máximas en los meses de mayo y junio, y un problema principal en otoño, debido a un descenso de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas “resultando en una tendencia dominante hacia la aridificación suave de la zona”. Su trabajo de investigación señala que “en los años de sequía extrema, los rendimientos más bajos del cultivo siguen apareciendo por debajo del 10%, pero duplican su frecuencia”. Por ello, y aunque considera que los eventos de sequía se estiman “importantes pero manejables”, recomienda “una correcta elección de la fecha de siembra y duración de ciclo”.

El geógrafo Jonathan Gómez Cantero cerró las ponencias presentando el estudio Impactos del cambio climático en las estepas cerealistas españolas, en el que se refleja una reducción de entre el 15% y el 35% de las precipitaciones de primavera en las dos Castillas, lo que provoca acusados descensos en la producción en ambas regiones. Respecto a las heladas, destacó que “están yendo a menos en el conjunto de las zonas geográficas analizadas, pero no van a desaparecer”, advirtiendo además de los “graves efectos” que tienen sobre las cosechas. Por último, citó al asurado como “uno de los fenómenos con mayor efecto en la producción cerealista”, destacando que deja pérdidas de producción «de hasta un 20% en Castilla y León en los años extremos”.

La jornada concluyó con un coloquio que se enriqueció con numerosas intervenciones de los asistentes.