Negocio

Mediación post COVID-19

  Redacción / 29 de abril de 2020

Desde que el pasado 14 de marzo se decretase el Estado de Alarma se han sucedido un sinfín de noticias relativas a la pandemia que nos azota, a las lamentables consecuencias sobre la salud de las personas y la organización del trabajo, y a la tremenda incertidumbre que el futuro post COVID-19 nos depara.

Ahora que parece que estamos en los primeros pasos del desconfinamiento y que toma fuerza el concepto de vuelta a la nueva normalidad, desde el Consejo General queremos compartir algunas reflexiones sobre este nuevo escenario que abordamos con ilusión por ver la luz al final del túnel, pero al mismo tiempo con recelo por tener que enfrentarnos ante una situación jamás vivida por el sector y por la sociedad en general.

Es justo señalar que en términos generales la mediación ha reaccionado de forma excepcional a esta crisis. Aunque el famoso Real Decreto 10/2020 que restringía toda actividad que no fuera de primera necesidad no afectaba al canal mediado, agentes y corredores han optado por preservar por encima de todo la salud de sus empleados y clientes. La mediación ha mantenido una actitud ejemplar durante esta crisis reaccionando de forma rápida e impulsado el teletrabajo de forma masiva para ‘frenar la curva’. Pero tras más de 40 días de confinamiento voluntario es el momento de levantar la vista y pensar en el futuro y en la mejor forma de afrontarlo.

De momento, el consenso general es que durante este primer mes de parón las carteras de seguros todavía se están comportamientos de forma similar a las de periodos anteriores. En algunos casos, se perciben bajadas leves pero la tónica habitual es que el impacto del COVID de momento no ha producido un efecto relevante en las renovaciones. Pero por desgracia, la mediación no es inmune a la crisis sanitaria y económica, y la nueva producción en cambio ha bajado drásticamente. En palabras de algunos mediadores, apenas se han recibido unas pocas consultas relacionadas con nuevas contrataciones y esta situación es generalizada como se desprende de los datos de encuestas como la realizada entre los colegiados de Zaragoza y Teruel donde el 97% de estos mediadores han notado una disminución de su actividad de contratación.

Los datos provisionales que recoge Codeoscopic a través de Avant2 Data así lo atestiguan. Con datos comparados sobre la facturación de corredores durante la semana del 2 al 12 de abril, ya en pleno Estado de Alarma, en contraposición con los datos del 2 al 8 de marzo, antes del confinamiento, la facturación descendió a 3.518 pólizas frente a las 11.212 previas a que el mercado comenzara a acusar el impacto del coronavirus. Estos primeros datos muestran que la emisión de pólizas mediadas puede haber caído cerca de un 70% y la previsión es que la caída sea todavía mayor en los próximos meses.

De hecho, los datos publicados por UNESPA este 27 de abril muestran como los ingresos de las aseguradoras al cierre del primer trimestre de 2020 se situaron en 16.699 millones de euros, un 6,83% por debajo del mismo periodo de un año antes, debido a la crisis sanitaria y el confinamiento. Por ramos, No vida facturó un 2,44% más debido al crecimiento previo de los meses de enero y febrero, mientras que Vida cayó un significativo 18,46%. Dentro del ramo de No vida, el segmento de automóviles cayó un 0,39%, mientras que salud subió un 6,08%, multirriesgos un 4,56% y el resto de no vida registró un leve incremento del 0,88%. Según ha adelantado UNESPA el impacto sobre el negocio será más visible cuando se publiquen los datos del segundo trimestre así que la mediación debe prepararse para hacer frente a este difícil escenario.

Según reflejan las consultas realizadas a diferentes mediadores, las particularidades de nuestro negocio harán que el impacto sea gradual, no inmediato. Pero eso no quita, que algunos mediadores ya estén empezando a sentirlo, y según se vaya alargando esta situación, en general afectará a muchos más profesionales. La intensidad y el daño será directamente proporcional al tiempo que se alargue el Estado de Alerta y el parón a la actividad empresarial. Los productos vinculados con la actividad empresarial en general serán los más afectados, con mayor incidencia en aquellos sectores especialmente golpeados por la crisis como la aviación, hoteles, ocio y turismo o la restauración y bebidas alcohólicas.

Tengamos en cuenta que las previsiones para la economía española no son nada halagüeñas. El Banco de España calcula que la economía caerá este año hasta un 13% y descarta la recuperación en V. Otras previsiones son más optimistas, si lo podemos calificar así, apuntan a una contracción de la economía española de alrededor del 8% este año, seguida de un rebote intenso pero insuficiente para recuperar el nivel de PIB previo a la crisis. Otras como, el banco de inversiones estadounidense, Morgan Stanley, lleva las previsiones de caída del producto interior bruto (PIB) hasta el 22,6% en el peor escenario previsto. En todo caso, el impacto será muy importante según todas las previsiones.

Intentado ver el lado positivo, podemos encontrar nichos para la esperanza en el sector empresarial, concretamente en los sectores directamente vinculados con la industria farmacéutica y sanitaria, telecomunicaciones, alimentación o salud y cosmética personal sobre los que se estima que el impacto sea nulo o incluso que vean cómo presentan crecimientos netos a final de año.

En el caso de ramos personales, las previsiones son dispares. Algunos mediadores consultados tienen cierta esperanza que decesos, salud o vida riesgo se mantengan o incluso puedan crecer de forma leve. La rápida reacción del sector dando cobertura a la pandemia ha generado confianza entre el público, más consciente ahora que nunca de los riesgos que nos rodean. La estrategia del miedo no es la más recomendable, pero es evidente que muchos nos hemos visto golpeados muy de cerca y eso nos hace ser más conscientes de las carencias que tenemos. No obstante, el primer trimestre del año ha cerrado con 285.000 empleos destruidos y 121.000 parados más, los peores datos desde 2013 y es muy probable que muchas familias tengan problemas incluso para conservar aquellos seguros que en circunstancias normales desearían mantener a toda costa.

Mención aparte merece uno de los ramos que desde hace un tiempo se presentaba como el de mayor potencial pero que no acababa de despegar: el ciberriesgo. El confinamiento ha disparado el uso de todo tipo herramientas tecnológicas para comunicarnos desde casa y, de la noche a la mañana, se han convertido en imprescindibles para teletrabajar y comunicarnos. Esta urgencia ha provocado que no siempre se hayan tomado las medidas de seguridad necesarias y como nos recuerda el INCIBE ‘este nuevo escenario no ha pasado desapercibido para los ciberdelincuentes que están al acecho de cualquier oportunidad’. Además, el uso masivo de estas herramientas ‘ha venido acompañado de la aparición de nuevas vulnerabilidades que pueden ser aprovechadas por los ciberdelincuentes como la descubierta en el sistema de videoconferencia Zoom’ que ha multiplicado sus usuarios en un 2000% en tan solo 4 meses! Está claro que el uso intensivo de nuevas herramientas y plataformas unido a una mayor exposición al riesgo es una buena oportunidad para intentar concienciar a los clientes de la necesidad de contar con un buen seguro de ciberriesgo.

Nuevas formas de trabajo

En los últimos tiempos, se hablaba constantemente de digitalización. No había reunión o foro donde no se tratara el tema, que era una asignatura pendiente en el sector, que nos estaba costando, que no todos nos adaptamos igual.… ahora de una manera obligada, de la noche a la mañana, todos nos hemos convertido en digitales. Hemos tenido que aprender y adaptarnos, a las nuevas tecnologías, a mantener con nuestros equipos y clientes contacto diario sin poder desplazarnos. Todos hemos tenido que aprender a utilizar las distintas plataformas de comunicación online, y hemos aprendido a asistir, promover reuniones de trabajo, de formación, con diferentes personas cada una desde su casa.

Hemos realizado un salto en el tiempo de varios años, en referencia al uso e implantación de herramientas tecnológicas en los sistemas de gestión. Y el reto al que nos enfrentamos ahora es a mantener, potenciar y mejorar nuestro uso de estas herramientas. De modo que es necesario que la mediación aproveche el ‘impulso digitalizador’ forzado para lograr una autentica y definitiva transformación digital. Sería un error imperdonable que una vez superado el desconcierto inicial no se aprovechase para focalizar esfuerzos en redefinir, optimizar y automatizar procesos en los que hoy en día todavía se invierte mucho tiempo y recursos y que no aportan valor al cliente.

Para garantizar que la transformación sea transversal y sin altibajos, debemos impulsar también la actitud, el conocimiento y las habilidades digitales de los equipos de trabajo. Llevamos 40 días asistiendo a webinars, cursos online, teleconferencias… no hay excusa para no seguir formándose y adaptarnos más rápido al nuevo entorno exprimiendo al máximo las nuevas herramientas. A medida que la mediación vaya ganado en flexibilidad y adaptabilidad (estructuras menos rígidas, costes ajustados, plantillas orientadas a la venta…) mayor será su fortaleza en la que será la principal ventaja competitiva de las futuras organizaciones empresariales: la respuesta a los cambios del entorno.

Si algo hemos aprendido en estos 40 días es que podemos adaptarnos rápidamente a escenarios inimaginables hasta la fecha y que la resistencia al cambio es una actitud que todos podemos superar sin excepción. Así que nadie diga que no se puede seguir adelante, porque la primera etapa se ha superado con nota.